miércoles, 24 de agosto de 2011

Directamente al Infierno- Capítulo 9

Cuando desperté él estaba a mi lado mirándome

-Buenos días dormilona- dijo saludando

-m… buenos días- le respondí adormilada, me comencé a mover y fue cuando me di cuenta que había algo al final de la cama, me senté y vi que era una bandeja con comida –¿tu hiciste eso?-le pregunte mirándolo.

-Intente, pero el original quedo horrible, así que Myriam me ayudo a hacerla- termino poniendo la bandeja en mis piernas, se veía realmente bien y tenía una hermosa rosa profundamente roja que estaba exquisitamente fresca, la tome y la lleve a mi nariz para olerla mientras lo miraba.

-Que linda- le dije sonriendo

-No tan linda como tú- me respondió serio, todo rastro de humor había desaparecido de su expresión y eso demostraba cuan en serio lo estaba diciendo.

Nos miramos fijamente y él se acercó a mí, me beso lentamente, el olía a una exquisita crema para afeitar y a especias, me volví loca por él, simplemente su olor bastaba para hacerme enloquecer.

-m… por un despertar como este me quedaría aquí por siempre- le dije con los ojos cerrados

-Yo sería el más contento con eso, pero sabes que debes volver a tu casa- me aleje un poco de él, y abrí los ojos, claro tenía que volver a la realidad y enfrentarme a lo que me tocaba… tenía que volver a casa… con mi familia, claro si es que se le puede llamar así, bueno en realidad ellos no me preocupan, sé que no están ni de cerca preocupados por mí, quizás ni siquiera notaron que no estaba en la casa; es mi primo Basthien el que me preocupa por qué sé que el realmente me quiere y de verdad se preocupa por mí.

-Si lo sé, ¿Qué hora es?, yo debería… debería irme- le dije sacando las bandeja de mis piernas para tratar de levantarme, pero él me tomo las manos, negando con la cabeza, me miro con sus penetrantes ojos y se acercó a mí, su frente toco la mía mientras sostenía mi mirada.

-No quiero que te vayas- me dijo en un susurro y me dio el beso más tierno y hermoso que me habían dado en mi vida, que hizo que mi corazón latiera a mil y que dentro de mi pecho se estableciera un nuevo y desconocido sentimiento hacia él.

-Pero dijiste…

-Shh- dijo silenciándome –dije que deberías volver, pero no dije cuándo- me sonrió pícaramente, luego se alejó para volver a colocar la bandeja en mi regazo- por ahora come tu desayuno.

Comí tranquila mientras él me miraba, no hablamos mucho y cuando termine de comer él se llevó la bandeja y me dejo sola para ducharme; olí el aroma de la rosa por última vez y me fui al baño.

Mientras estaba dentro de la ducha me relaje, el agua caliente lograba un efecto tranquilizador en mí que me hizo quedarme unos minutos más escuchando el sonido del agua cayendo; para cuando salí me di cuenta que no tenía ropa, me envolví en una toalla y fui a la habitación, en una esquina de la cama estaba mi ropa limpia y seca.

Me la puse y baje a buscar a Alexander, el cómo ayer, se encontraba en la cocina, estaba sentado conversando con una mujer entrada en años, se veía magnifico, y como si sintiera mi presencia se dio la vuelta hacia mí, nuestras miradas se enlazaron y me dirigió su linda sonrisa, camine hacia él, él se levantó y me envolvió en sus brazos, me beso hasta que recordé que no estábamos solos, y me aleje un poco de él, le di una mirada de disculpa a la mujer anciana pero ella solo me miro con una sonrisa, me trate de acercar a ella pero Alexander me tenía presa entre sus brazos, le di la espalda para poder ver mejor a la anciana y el solo me envolvió con sus brazos y me beso el cuello.

-Myriam, ella es Meredith, Meredith ella es Myriam- dijo presentándonos

-Hola- le dije, mientras estiraba la mano para saludarla –encantada de conocerla.

-Hola señorita, encantada de conocerla también- me dijo alegremente –estoy muy contenta ya que mi niño está feliz ,y estoy muy agradecida con usted señorita, él es una persona muy solitaria y casi nunca tiene amigos, gracias por estar con el- termino tomándome las manos entre las suyas, estas eran delicadas y con bastantes arrugas que demostraban su edad, en realidad no supe mucho que hacer más que devolverle el gesto apretando levemente sus manos, ella era increíblemente amable y saltaba a la vista que se preocupaba y quería mucho a Alexander, le di una pequeña sonrisa antes de mirar Alexander un momento, él todavía me tenía presa entre sus brazos, él se acercó más a mí de modo que su mejilla se presionó con la mía.

-No sabía que fuera tan solitario- le comente a la adorable anciana

-Saben estoy aquí, no me gusta que me ignoren y hablen como si no estuviera.

-Si es muy solitario- ella suspiro no tomando en cuenta la intervención de Alexander -¿Quieren que les sirva algo de comer?

-No, no te preocupes, ya nos vamos- le dijo sonriendo, luego me tomo de la mano y me guio fuera de la casa.

-¿A dónde vamos?- le pregunte, el no dijo ni una sola palabra mientras me habría caballerosamente la puerta del auto y luego la cerraba, dio la vuelta al auto y se subió al asiento del conductor -¿me vas a responder?- le pregunte un poco irritada con tanto misterio, el tomo mi cara entre sus manos y me beso, su beso apago la irritación que crecía en mí y me hizo concentrarme solo en él, mariposas revolotearon en mi estómago como siempre me pasa cuando me besa, y quise, en ese momento perfecto, no soltarlo nunca, pero desgraciadamente el beso termino y el toco mis labios hinchados con su dedo pulgar, mientras su mirada los veía hipnotizado.

-Pensé que podríamos ir a dar una vuelta por ahí ¿quieres?- le sonreí

-Claro- le dije, el a regañadientes se alejó de mí y puso el auto en marcha.

Luego de salir del condominio fuimos a un parque, que se encontraba cerca, allí había varios niños jugando, me baje de auto para esperar a Alexander en el parque mientras el encontraba lugar para aparcar, entretanto fui a sentarme a un banco y mire a los niños jugar, verlos inmediatamente me recordó a mi niñez y sentí envidia. Cuando era pequeña yo siempre tuve todo lo que quise, era una niñita caprichosa y superficial, nunca vi más allá de mis narices y ciertamente nunca me importaron los demás, yo no creía en el amor ni en nada parecido porque nunca lo tuve, por lo menos no que proviniera de mis padres, saltaba a la vista que ellos no me querían, ni tampoco mis hermanos, para ellos yo solo era un estorbo, por eso contrataron a una nana para que se hiciera cargo de mí, ella me brindo amor y cariño, pero yo estaba tan ciega que nunca me di cuenta de eso, y solo adjudicaba su preocupación por mi como un deber de su oficio, me volví fría y solitaria.

Hasta que un día en una gran reunión familiar conocí a mi excéntrico y travieso primo Basthien, el me presento a la abuela, a la que extrañamente yo no conocía, ellos poco a poco se fueron metiendo en mi vida hasta ser las personas más importantes, junto con mi nana; ellos me enseñaron a amar y a sonreír, en ese minuto me di cuenta de la equivocada percepción que tenia de la vida, de lo equivocada que estaba mi familia, si es que se les puede llamar familia.

De la nada unas manos taparon mis ojos suavemente, eran manos grandes, como el doble de las mías, las toque para luego subir por los grandes y musculosos brazos, hasta llegara a los hombros, llegado a este punto sabía exactamente quién era.

-Alexander- le dije riendo, el me beso la mejilla y afirmo una mano en el respaldo de la banca y dio un salto que lo dejo sentado a mi lado, yo quede totalmente sorprendida por la agilidad y gracia con que lo hizo –Wow

-¿En qué pensabas tanto hermosa?, te vi muy pensativa cuando venía para acá- me dijo preocupado.

-Yo… solo pensaba, en lo solitaria que fue mi niñez… en cierto modo les tengo envidia- le dije mirando a los niños –ellos son todo sonrisas y sus madres los quieren mucho- dije mirando a una madre abrazar con mucho cariño a su hijo que se había caído.

-Sabes… mis padres no fueron lo que se dice muy cariñosos conmigo, pero en el fondo yo sé que ellos me quieren, como sé que tus padres te quieren a ti y como muchas otras personas lo hacemos- no sé si fue la forma en que se incluyó en esa oración o la forma tan dulce en que lo dijo, que atrajo lagrimas a mis ojos, las que rápidamente trate de alejarlas.

-Gracias, eres muy… tierno- le dije mirando hacia otro lado tratando de alejar las lágrimas, el tomo suavemente mi mentón y lo giro para que lo mirara.

-Solo dije lo que en realidad sentí- había tanto sentimiento en sus hermosos ojos marrones que destellaban raros, lo bese movida por el puro sentimiento de alegría al tenerlo cerca.

-Wow! Pero miren a quien tenemos aquí- dijo una voz fría como el hielo, que hizo que se me erizara el vello de la nuca –si no es la hermosísima Meredith Somehaldert y el don nadie de Alexander- era Nathan y por el tono se notaba furioso, me aleje al instante de Alexander y mire a un Nathan que a la vista saltaba que quería matar a Alexander –Suéltala- gruño, su furia era palpable y tuve miedo, no por mi sino por Alexander, lo que menos quiero es que se pongan a pelear en este lugar, ni en ningún otro.

Me puse entre ellos dos, quienes se miraban con furia, y enfrenté a Nathan, en realidad estaba enojada, no, más que eso estaba harta de esta situación.

-¿Qué haces aquí?- le pregunte a Nathan, el me miro a los ojos, y de improviso agarro mi brazo jalándome hacia él, aunque no le duro mucho, porque sin saber cómo ni cuándo Alexander agarro fuertemente su muñeca, fue tan rápido que ni siquiera vi cómo se acercó a mi lado y evito que Nathan me llevara totalmente consigo.

-Suéltala- dijo entre dientes Alexander muy enojado, él y Nathan se miraron con odio.

-Nathan me estás haciendo daño- le grite, el reacciono un poco y me soltó, Alexander me coloco detrás de si bloqueando mi visión de Nathan.

Alexander estaba furioso, lo podía sentir, y de pronto golpeo a Nathan, quien luego de componerse del golpe, le devolvió uno parecido, en ese momento se inició la pelea entre los dos, grite como histérica para que se separaran, pero ninguno me hacía caso, y sentí tanto miedo, me sentí tan inútil de no ser capaz de separarlos, que en un impulso me metí entre ellos y le grite.

-Paren! Por favor- les dije sin mucho aliento, los dos sangraban y me sentí enferma, asqueada conmigo misma por haber creado esta situación.

Mis ojos nadaron en lágrimas mientras miraba a Nathan, el me devolvió la mirada, y vi algo en sus ojos, algo… algo había cambiado en él, como si hubiese entendido algo, que siempre estuvo allí pero nunca lo vio.

-¿Porque…?- le susurre despacio, el me miro muy dolido.

-No sabía que te importara tanto este tipo- me dijo, y su voz… o Dios, nunca lo había escuchado tan herido en mi vida, mi corazón se fragmento en mil pedazos mientras él se daba la vuelta y se marchaba.

Quise seguirlo y decirle que lo sentía, Dios mío! Quise decirle tantas cosas, pero mis piernas simplemente no reaccionaron, quise gritarle que se detuviera, que me esperara, que me escuchara, pero mi voz no salió, en vez de tanto que quise decir y hacer, me quede allí mirándolo desaparecer, mientras las lágrimas cayeron por mis mejillas.

Sentí a Alexander acercarse a mí y rápidamente seque mis lágrimas.

-Llévame a casa por favor- le pedí, el no dijo nada mientras volvíamos al auto, me abrió la puerta del mismo pero antes de cerrarla me miró fijamente, pero yo desvié mi mirada no queriendo verlo.

-Lo siento, yo… no debí golpearlo, tienes razón en estar enojada conmigo, pero él te estaba lastimando y simplemente no lo pude aguantar… lo siento- me lo dijo con tanta sinceridad que me dolió y me hizo sentir culpable por la forma en que lo trate.

-no, perdóname tu… y no estoy enojada contigo, es solo que verlos pelear me molesta, me lastima y no me gusta que más encima la causante de eso…- no puede terminar la frase porque mi voz se quebró, él se agacho a mi lado y vi ahora completamente su cara; su boca y su ceja derecha sangraban, lo que hizo que me sintiera peor conmigo misma –Alexander- le dije sin aliento mientras miraba sus heridas, mis manos por fuerza propia fueron a su cara y lo toque suavemente, y me llene de rabia por haber provocado esto -perdón.

-No tengo absolutamente nada que perdonarte pequeña- él se acercó y me beso, sentí un leve sabor cobrizo en el beso producto de la sangre.

Me aleje de él, ya que no podía hacerle esto, no cuando en realidad no sé lo que quiero, ni a quien quiero.

-No, esto está mal yo no debo…- el me acalló con otro de sus besos, el besaba magnifico pero, de verdad yo estoy muy confundida en este momento y es mejor dejar las cosas claras, así que me aleje de el- NO.

-¿Pero porque no? Yo te quiero mucho, y estoy seguro de que tú también me quieres…- el me miró fijamente y luego suspiro bajando la mirada –es por… Nathan?

-…Si, yo no te quiero engañar de esta manera Alexander, yo creo que todavía siento algo por él, y no te niego que te quiero y me gustas, pero no me parece bien estar contigo mientras este confundida.

-yo… um… te entiendo y no te voy a presionar… entonces um… quedamos solo como amigos?- me sonrió y aunque tenía sangre en su cara aún se veía benditamente hermoso.

-Si eso creo…- cerro la puerta y entro al auto por el lado del conductor, busque un pañuelo para limpiarle la sangre, pero era raro porque era como si no le importaran en lo más mínimo los golpes, ni siquiera hacia la más pequeña mueca de dolor –acá déjame limpiarte- le dije llamando su atención.

-No te preocupes, no importa- dijo poniendo en marcha el auto y sin pensarlo tome su mano para que se detuviera, el miro mi mano y aproveche ese minuto para acercarme y tomar su mentón para hacer que me mirara y poder limpiar su cara, él se quedó tan quieto, que hasta pensé que ya ni respiraba, pero la mirada en su cara me decía que si estaba vivo.

-Creo… que así estas mejor…- me aleje de él y me reacomode en mi asiento.

-Gracias-

-De nada-

El me condujo hasta mi casa y de un momento a otro nos vimos sumidos en un silencio incomodo, ninguno de los dos dijo una palabra en el trayecto, y aunque no quiero por nada del mundo ir a mi casa, la prefiero mil veces antes que estar en esta situación, en realidad no se lo que nos llevó a esto, me siento tan culpable, tan tonta y tan estúpida… Alexander es muy bueno conmigo, no se merece para nada que le haga el daño que le estoy haciendo.

Sumida en mis pensamientos, no me había dado cuenta que el auto se había detenido, hasta que Alexander abrió la puerta, el lugar en donde nos detuvimos no era mi casa, estaba rodeado de árboles que se encontraban en plena etapa de florecimiento, salí del auto y mire a Alexander confundida.

-Te veías tan triste en el auto, que supuse que no querías ir aun a tu casa,-sonrió- ven – me dijo tomándome la mano, el lugar estaba rodeado de hermosos árboles, seguí a Alexander, y luego vi un claro, era muy lindo, con el pasto largo que terminaba en un barranco; me acerque al fin del pasto admirando la belleza de las aguas cristalinas chocando contra las rocas, era un paisaje muy hermoso digno de cualquier postal u obra de arte.

-Es muy hermoso- le dije sonriendo y aspirando el rico olor de árboles y mar combinados -¿Cómo lo encontraste?

-La propiedad era de mi tío abuelo, el murió hace unos años y le heredo la propiedad a mi padre, él no le interesaba así que la puso en venta y yo me las ingenie para comprarla, es un terreno bastante extenso y mi padre me la vendió un poco caro, así que acabo con la mayoría de mis ahorros- termino sonriendo.

Me senté y me inundo el sentido de libertad, de paz, me recosté en el pasto sonriendo del placer que esto me provocaba, él me observaba sereno y le hice señas para que se uniera a mí, él se sentó en el pasto y tire de él hasta que estuvo acostado como yo, él se rio despacio por mi impaciencia.

Su risa era tan linda y hermosa, era algo mágico, música para mis odios que me encantaría escuchar siempre.

-Mira esa nube, tiene cara de cerdito- me reí al verla.

-¿Cuál?

-Esa mira- la apunte con el dedo.

-mm… no se… en realidad no le veo forma, para mí solo es una nube normal

-Lo que pasa es no tienes imaginación- le dije apoyándome en su pecho para mirarlo –tienes que dejar llevar tu mente para ver cosas como esas ¿sabes?

-Prefiero tener mi mente centrada para ver a la hermosa mujer que tengo frente a mí- me observo fijamente con sus penetrantes ojos, luego de un momento sonrió – sabes, ahora que lo recuerdo, tienes que ir a ver una película conmigo, me la debes.

-¿Yo? No te debo nada- le respondí juguetonamente mientras me sentaba de espaldas a él.

-Claro que sí! Anoche te quedaste dormida y no viste la película.

-A pero…

-Pero nada- dijo atrayéndome hacia él, se había sentado y yo me encontraba entre sus piernas abiertas, sus brazos me rodeaban y sus manos estaban en mi estómago –Me lo debes y yo siempre cobro a mis deudores- me hablo al oído, me reí, se sentía tan bien estar así con él, su olor me rodeaba, llenaba todos mis sentidos haciendo que tuviera el loco deseo de darme la vuelta, besarlo en su hermosa y pecaminosa boca, que me tentaba y hacia que cada vez me volviera más loca.

El olio mi cabello y luego lo quito dejando mi cuello expuesto, el me beso allí, y un extraño escalofrió recorrió mi cuerpo, su beso fue largo y cuando se terminó, él se levantó dejándome sola y un extraño sentimiento me embargo… miedo?... no, no podía ser eso… es simplemente estúpido.

Decidí olvidarlo, dejar llevar a mi loca mente no ayudaría en nada, con un suspiro me levante buscándolo, lo encontré apoyado en un árbol mirando hacia un punto en el horizonte, se veía tan solo, desolado y me dolió el corazón verlo así.

-¿Tienes hambre?- le pregunte acercándome.

-No ¿tu?- le sonreí

-La verdad es que me muero de hambre- el me sonrió, pero su sonrisa no llego a sus ojos, en ese instante me moría por saber que le había pasado para estar en ese estado anímico, quizás fue algo que hice o dije, nunca lo sabría porque no tenía el suficiente valor para preguntárselo; me propuse hacerlo olvidar, fuera lo que fuera que lo ponía así lo iba a borrar de su hermosa mirada.

El me llevo a el restaurant más cercano, comimos tranquilamente, él se reía, sin embargo, no estaba feliz, lo sabía por su mirada, cada tanto se ensombrecía y me miraba con resignación, me sentí horrible, lo más seguro era que fuera yo la causante de su tristeza y eso hacía que mi corazón se contrajera en mi pecho.

Luego de la comida, fuimos a dar una caminata a los alrededores, y me enganché de su brazo mientras conversábamos de todo y nada a la vez, pero luego nos vimos sumidos en un largo silencio.

-¿Qué puedo hacer para que estés feliz?- mi voz no fue más que un susurro casi inaudible, pero el paro inmediato en medio de la acera y me miro confundido.

-no tienes que hacer nada- ahueco mi cara entre sus manos y me obligó a mirarlo- lo haces todo con solo mirarme- me sonrió y se acercó más a mí –con estar junto a mí, con respirar , con vivir, tú me haces feliz, no importa lo que hagas, no importa lo que digas, soy feliz con solo mirarte y saber que estas bien- suspiro y sentí su cálido aliento en mis labios –cada día me gustas más, cada día te vas metiendo más aquí- tomo mi mano dirigiéndola a su corazón mientras hablaba –y no tengo la más mínima intención de sacarte.

Me miro a los ojos y vi que quería besarme, pero se contuvo, su mandíbula estaba fuertemente apretada, hasta el punto que pensé que sus dientes se romperían, lleve mi mano hasta esta y lo acaricie, el cerro los ojos disfrutando la sensación al igual como yo la disfrute, luego abrió los ojos, beso mi mejilla y se apartó sonriéndome.

Regresamos a donde él había aparcado su auto y me llevo a mi casa, cuando llegamos vimos a Basthien que estaba a punto de salir, cuando me vio corrió a mi lado.

-¿Dónde estabas?-Me pregunto Basthien muy preocupado –te he estado buscando Meredith, tenías muy preocupado- dijo abrazándome.

-Lo siento, tenía que haberte llamado- me disculpe, pero él aun no me soltaba y tuve que darle un pequeño empujoncito para que se alejara –uhh, él es Alexander…. Un amigo- le dije a Basthien, pero mirando a Alexander, el me sonrío tranquilo y fue cuando me di cuenta de que manchas oscuras marcaban su hermosa piel, consecuencia clara de la pelea que tuvo con Nathan –él es mi primo Basthien- ellos se saludaron y un incómodo silencio nos llenó.

-Bueno, ya estás en casa, sana y salva- me sonrió Alexander –creo que es hora de irme.

-Si… er… gracias… por todo- me acerque a él y lo besé en la mejilla, el respondió con un tierna sonrisa y se dio la vuelta para irse, instantáneamente sentí un vacío que se propago dentro de mi pecho, y tuve el loco deseo de detener su auto e irme con el…

En vez de eso, me di la vuelta y camine a la casa junto a Basthien, quien me miraba con un claro signo de interrogación grabado en su hermosa cara.

-¿y…?

-Y… ¿Qué?- pregunte haciéndome la loca.

-¿Qué paso? ¿Por qué no llegaste? ¿Dónde estuviste?... – me bombardeo el con preguntas.

-Estuve en casa de Alexander- el solo nombrarlo hizo que mi lindo primo se calmara y entendiera todo, se tranquilizó y su brazo izquierdo rodeo mis hombros mientras subíamos las escaleras de la casa.

-Bueno por lo menos podrías haber avisado, estaba muy preocupado, pensando que quizás te habrían violado y en cualquier momento un agente de la policía llamaría para avisar que habían encontrado tu cuerpo a la orilla de un rio, o peor aún que te raptaron los ovnis y nunca más te volvería a ver- me dijo dramáticamente.

-Creo que ves mucha tele- me reí –en verdad lo siento, me olvide de marcarte para avisar- le respondí sinceramente, el no hizo más de sus ingeniosos comentarios ni me pregunto más hasta que llegamos a la puerta de mi habitación.

-Creo que tienes que estar agotada, asique mejor me voy- me beso la frente en señal de despedida –luego hablamos- se fue y entre en mi habitación.

Él tenía razón, estaba agotada y cuando me lancé a mi cama, un intenso agotamiento fue ganando la batalla a mi mente y poco a poco fui conducida a la inconciencia quedándome dormida profundamente.

Me desperté por los suaves golpes en la puerta, estos me fueron sacando lentamente de mi estado de somnolencia y bostezando musite un suave pase.

La puerta se abrió lentamente, mostrando a un Basthien un poco incómodo el cual traía una bandeja con comida, él la puso en mi cama y se sentó a mi lado.

-Como no bajabas a comer, decidí traerte la cena y de paso traje la mía para que cenemos juntos, mientras puedes contarme con lujo de detalles los motivos por los cuales no llegaste a dormir anoche señorita- me habló con un tono de reproche

-Ya te dije que estaba con Alexander- el resoplo

-Si ¿pero no me has oído? Quiero detalles.

-Dios Basthien! Eres peor que una vieja chismosa.

-Puedes ser todo lo que quieras, pero aun así me quieres como a un hermano y me vas a contar que sucedió- me dijo con una sonrisilla hermosa, suspire, el me conocía tan bien, que sabía que se lo iba a contar, y así lo hice, le conté todo mientras cenábamos.

-Ese Alexander me gusta cada día más ¿sabes?- me comento.

-Si- suspire –a mi igual y es por eso que le dije que quedáramos solo como amigos.

-Wow! ¿De verdad hiciste eso?- asentí

-Yo… no quiero que el lo pase mal sabes… no quiero hacerle daño- él se quedó callado y terminamos de cenar en el silencio de mi habitación, luego me excuse para que me dejara sola, me fui a bañar y luego de eso salí al balcón en busca de aire fresco. En lo alto del cielo la luna estaba llena, rodeada de hermosas estrellas, verla noche así de pacifica me inspiraba paz, tranquilidad, me hizo sentir bien y con energías renovadas entre de nuevo a mi cuarto.

Me acosté luego de un rato, pero no pude conciliar el sueño, me revolví en la cama tratando de dormir, de improviso una imagen se me vino a la mente y me levante yendo hacia el armario y la vi… allí estaba justo como me había acordado, la tomé entre mis manos e inhale su maravilloso olor impregnado aun en su chaqueta, con ella entre mis brazos, volví a la cama y oliendo su exquisito aroma poco a poco fui quedándome dormida.

--Fin del Capítulo--