jueves, 10 de febrero de 2011

Capitulo 8


El se sentó sin dejar de mirarme, su cara era una mascar sin sentimientos visibles, y no se lo que en verdad quiere veniéndose a sentar frente a mi…
Pronto sus ojos dejaron los míos posándose en un lugar a mi derecha, al seguir la dirección de su mirada encontré a Alexander, quien lo miraba tranquilo pero desafiante, un escalofrío recorrió mi espalda mientras los observaba, Nathan lo miraba con un odio y una furia que eran casi palpables, lo peor de todo es que ninguno de los dos apartaba la mirada del otro, como si mantuvieran un desafío personal, no se que hacer, esta situación me pone muy nerviosa ya que se que esta enemistad entre ellos fue provocada por mi no intencionalmente pero fue por mi, y ni siquiera se el motivo; mi mirada recorrió la mesa en busca de ayuda, pero descubrí que todos se habían quedado en silencio al darse cuenta de lo que ocurría, todos perplejos al igual que yo.
Cecily me miro nerviosa, ya que ella de verdad entendía lo que ocurría entre ellos dos.
-ehh…-soltó una risita nerviosa- ya que estamos todos aquí será mejor que comencemos a comer ¿no les parece?- termino, dedicándoles una mirada a mis amigos, ellos asintieron vagamente pero sin dejar de estar atentos a lo que sucedía, aun podía sentir algunas de las miradas en mi, expectantes.
Por mi parte me quede mirando mi bandeja, ya sin mucho apetito, pero recordando la promesa que le había hecho a mi nana en la mañana, haciendo un esfuerzo tome los cubiertos y me dispuse a comer fingiendo que nada sucedía, aunque sentía la tensión existente entre Alexander y Nathan.
-Pensé que habías dicho que no ibas a comer con nosotros hoy Nathan- le dijo Erick
-Cambie de opinión- le respondió simplemente, el me miro y todo dentro de mi corazón se revolvió, esos ojos azules contenían tal intensidad que me ponían nerviosa y revivían el amor que tan fuertemente he tratado de ocultar… lo que sigo sin entender es la razón por la cual Nathan hace esto, es incomprensible para mi entender el motivo , ya que solo ayer el me odiaba y me trato de la peor manera en la que se puede tratar a una mujer, luego sin ningún motivo golpea y amenaza a Alexander y ahora sus ojos… dicen todo lo contrario a lo que me dijo ayer… puedo estar equivocada pero…
-Has estado tan extraño estos últimos días que no sabemos lo que te sucede Nathan- le dijo tratando de llamar su atención, el ni siquiera la miro y se encogió de hombros despreocupadamente.
-¿y que hay de ti?-Pregunto mirando a Alexander, si se podía la tensión entre ellos se hizo mas fuerte y mucho mas notable ante todos.
-Nada que a ti te importe- le respondió el cortante.
-oh!- exclamo Nathan atrayendo la atención de todos en la mesa –claro que me importa tomando en cuenta que eres el nuevo novio de nuestra querida Medi y yo como su mejor amigo tengo que cuidarla de estúpidos- dijo sarcásticamente.
- y eso lo dices tu?, con menor razón debería importarte tomando en cuenta lo poco hombre que eres y como no sabes tratar bien a las mujeres, especialmente a Meredith-
-¿y eso que tiene que ver?-le respondió Nathan apretando los dientes de furia – a mi parecer no tiene nada que ver y eres un mariquita, un niñito bonito hijo de papi, que no puede enfrentar sus problemas como hombre- el se levanto de la silla desafiante- anda vamos afuera y resolvamos esto, a no ser que tengas miedo…
-Acaso no te basto con la paliza de antes?... miedo de ti…. Una persona hipócrita que trata mal a su supuesta mejor amiga diciéndole…
-¡Alexander para! ¡paren los dos!- les dije furiosa, me levante y deposite mi bandeja con los restos de comida en el contenedor y me fui de allí.
Fui a mi casillero para sacar lo que necesitaba para el fin de semana y cuando lo cerré allí estaba Alexander mirándome, enojada como estaba me di la vuelta y me aleje de el.
-Meredith, lo siento, perdóname yo solo…
-no Alexander, ya estoy cansada de todo esto, solo… déjame tranquila- le respondí dándole la espalda y alejándome.
-Meredith- dijo el agarrándome del brazo impidiendo que me fuera –por favor.
-Suéltame- el lentamente soltó su agarre de mi brazo.
Me fui de allí hacia mi auto, mientras me iba comenzó a llover, cuando ya estuve en el auto no sabia a donde ir y no quería ir a mi casa, asique al final decidí ir a un bar para pasar un poco el tiempo; al llegar pedí una copa de whisky y como era costumbre recordé a Nathan con su arrogancia y su hipocresía, aun así debo confesar que aun me gusta y sus ultimas acciones me confunden mucho, hasta el punto en que no se si me quiere o me odia y Alexander… bueno el… se que trataba de defenderme y quizás fui muy dura con el, lo trate muy mal, pero una parte inconsciente de mi tiene miedo, miedo de que me pase con el lo mismo que me paso con Nathan, el es muy especial para mi y…
Perdida en mis pensamientos no me di cuenta de que alguien se encontraba a mi lado y cuando levante la mirada vi los ojos verde musgo de mi primo Basthien, me lancé a sus brazos contenta de verlo, no sabia que el estaba en el país, lo ultimo que supe de el fue que estaba en Europa y verlo aquí me llena de alegría.
-¡Basthien!- le dije alegremente
-¡Meredith! Cuanto has crecido, hace años que no te veía- dijo risueño.
-Pues tu no has cambiado en nada sigues igual de apuesto que antes, me alegra tanto verte, te extrañe mucho- el es muy lindo con ojos verde musgo, pelo castaño con un tinte rubio, tés morena clara, el trabajaba como cantante por eso se fue hace años a Europa en una gira ya que su música es muy vendida por allá.
-yo también te extrañe mucho, ¿y como estas? ¿y que hace una mujer tan linda como tu aquí sola?- me pregunto curioso.
-um… la verdad es que no estoy muy bien- le respondí sentándome –es por eso que estoy aquí sola, para pensar- cuando éramos pequeños pasábamos mucho tiempo juntos y nos hicimos los mejores amigos, mas que eso, lo quiero como si fuera mi hermano mayor, ya que siempre me cuida y me protege además me aconseja cuando no se que hacer, confió mucho en el, el es mi apoyo en los momentos mas difíciles.
-¿ y por que seria eso primita?- me pregunto sentándose a mi lado.
-uf, tu sabes, lo mismo de siempre, mis padres, Nathan y… Alexander
-uh, ese Alexander es nuevo…¿Quién es?- sin mas le conté todo, sobre Nathan, Alexander, también le conté lo confundida que los dos me ponen y lo que sentía por cada uno. Al terminar el me dedico un hermosa sonrisa.
-No te preocupes ahora por ellos, yo se que tus sentimientos se aclararan a medida que pase el tiempo.
-Gracias- le dije, y me sentí segura, sentí que ahora que esta aquí conmigo todo se solucionaría o por lo menos que no enfrentaría los problemas sola; Basthien es tan lindo y lo quiero tanto, el debería haber sido mi hermano en ves del cerdo que tengo por hermano –bueno ¿y que haces aquí? ¿pensé que estabas en Europa?
-Bueno si estaba, pero volví por mi padre que me pidió que lo ayudara con alguno de sus negocios, tu sabes que a el no le gusta que sea cantante.
-m… ¿así que ahora vas a trabajar con el?
-no solo lo voy a ayudar a veces- me dijo sonriendo.
- ¿ y hay alguien especial que ronde tu corazón primito? ¿alguna novia?
-nah…sinceramente creo que las mujeres no son para mi- yo reí al escucharlo ya que el es lo mas mujeriego que puede haber –en serio, de verdad hasta he pensado en hacerme cura o algo por el estilo- yo reí con mas ganas.
-¿tu cura?
-hey no te rías, es serio- me reprendió.
-okay, lo siento- dije tratando de calmarme- sabes que creo que deberías convertirte en gay.
-¿tu crees primita?- dijo haciéndome ojitos y estirando la boca, me puse a reír nuevamente, se veía tan ridículo y ya me lo imagino con pantalones apretados color rosa y una playera apretada del mismo color, solo imaginarlo así, a él, me hizo reír mucho mas.
-¡no! Francamente te ves ridículo- le dije riendo, el hizo un puchero que desapareció al ver a la camarera aproximarse hacia nuestra mesa; ella era rubia con ojos azules, vestía una falda muy pequeña y una blusa con un gran escote, al lado del cual tenia una placa que la identificaba con el nombre de Syndil.
-Les traigo algo mas- pregunto coqueteándole a Basthien, el cual la miraba interesado.
-si- dijo el –tráenos dos vasos mas de lo que ella se sirve- le dijo apuntando mi vaso – y ¿ me puedes dar tu numero querida Syndil?- termino coqueteándole, ella lanzo una risita y se fue.
-¡Por dios Basthien! Hace un momento me estabas diciendo que las mujeres no eran para ti y ahora coqueteas abiertamente con la camarera, aunque sea disimúlalo un poco.
-Ardiente camarera y por favor Meredith soy un hombre ok? tengo derecho a divertirme- dijo riendo.
Deje pasar eso y hasta hice como que no existía cuando la camarera volvió con el pedido y dejo una servilleta con un numero de teléfono frente a Basthien; luego de eso nos quedamos un rato mas en el bar conversando y luego nos fuimos a mi casa donde el planeaba pasar una temporada.
Cuando llegamos, estaba toda mi familia reunida en la mesa cenando; bueno por un lado ara bastante bueno, ellos no actuaban así, solo cuando querían guardar las apariencias de ser una familia feliz y ejemplar, lo que absolutamente no eramos.
-¡oh! Basthien querido, que bueno que ya has llegado- le dijo sonriendo cínicamente -ven sientate con nosotros a la mesa- Dios, como odiaba esto, estas “reuniones familiares” nunca terminaban bien y eran un completo asco.
Basthien y yo nos sentamos juntos, muy incómodos los dos, Starla estaba sentada frente a mi y me miraba con una de sus sonrisas maliciosas, si bien, ella era mi hermana pero estaba loca y era una maldita estúpida, de verdad no se como es mi hermana.
-Espero que la pequeña perdedora no te haya aburrido mucho querido Basthien, si quieres mañana te puedo hacer un completo recorrido por...
-No te preocupes, gracias, Meredith se va a encargar de todo eso y la pequeña perdedora como tu la llamas no me ha a aburrido en lo mas mínimo- dijo el interrumpiéndola pero hablándole lo mas cortes que pudo.
-¡oh! ¿De verdad?- dijo Ella fingiendo impresión - ahh... y con que lo entretuviste? con tus estúpidos problemas llorando como una magdalena- ella me imito y eso hizo hervir mi sangre con furia -¿o hiciste algo mas? oh por Dios Meredith eres una perdedora patética- gruñí furiosa, mientras Basthien me tomo la mano bajo la mesa para que me calmara.
-Eso no te importa, pero tratándose de ti.... es mas que obvio que tendrías una muy buena entretención para el ¿no?, te habrías lanzado a el como la perra que eres!!
-¡MEREDITH! ¡BASTA! ¡esas no son palabras para hablarle a tu hermana!- dijo mi padre furioso, luego miro a mi mamá- Selena calla a tu hija, esto es todo tu culpa mujer así que callala!
-¡¿mi culpa?!- rió ella enojada -Por Dios Alphonse! tu eres el que nunca esta en esta casa para educar a estos niños
-Tu eres su madre, tu eres la que deberías criarlos, es tu entera responsabilidad, son tus hijos!! ¡ERES DEMACIADO LIBERAL SELENA!!
-No quieras echarme toda la culpa a mi, tu también eres culpable...
La pelea siguio, pero en ese instante me levante y corrí escaleras arriba a mi habitación, me encerré allí tratando de no escuchar sus gritos que me perseguían, ni siquiera me había dado cuenta de que mi rostro estaba húmedo con lágrimas, me las seque rápidamente con la manga de mi suéter y fui hacia la ventana balcón, afuera llovía intensamente, en realidad no tenia nada en mente cuando abrí la puerta corrediza y me incorpore a la lluvia, me moví hacia la orilla del balcón con una idea en mente, sabia que era mi única forma de escapar de este infierno, se que en cualquier momento Basthien tocara mi puerta y ahora, en este preciso momento quiero estar sola. Mire hacia abajo y la distancia era bastante pero no tanta para hacerme desistir asique me tire...
La caída fue dura, pero en tanto me pude poner en pie comencé a correr por la playa sin un rumbo fijo, solo tratando de alejarme de esa casa... a la distancia escuche la voz de Basthien llamándome, pero no pude parar y solo corrí lejos...
Cuando me detuve la lluvia cesaba un poco y ya me encontraba muy lejos de esa casa, cansada me derrumbe en la arena mientras mi mente repetía una y otra vez las voces de mis padres peleándose, recordé sin querer viejas peleas, peleas que había presenciado cuando era pequeña, que me hicieron mucho daño, me hacían preguntarme si en verdad ellos me querían, si alguna vez me quisieron, si alguna vez me miraron con cariño o me acariciaron o me leyeron un libro para dormir… no que recuerde y eso me hacia mas daño aun.
El tiempo paso y aun me encontraba allí mirando perdidamente el mar; fui levemente consiente de que la lluvia paraba por completo aun así no pude moverme, mi mente vagaba en pensamientos incorrectos… Me sentí perdida en un mundo que sentía que no era correcto, algo en el mundo donde vivía no encajaba… o ciertamente yo no encajaba en ese mundo, en el todo gira en torno al dinero, poder y posición social, yo tengo todo eso pero había algo en mi que no le gustaba eso, que no encajaba con eso, es por eso que siempre he sido diferente de mis hermanos y de las demás personas.

A la deriva de mis pensamientos sentí una mano caliente en mi hombro, sobresaltada y asustada me aleje de ella pensando que podría ser alguien de mi familia. Cuando levante la mirada unos ojos marrones me miraban con preocupación. Me sentí un poco decepcionada, una pequeña parte de mi aun esperaba que fuera mi madre o quizás mi padre el que estuviera allí, para pedirme perdón por lo sucedido, desde niña siempre había albergado esa ilusión que quizás nunca se cumpliría.
-Meredith ¿que haces aquí?- me pregunto muy preocupado, yo estalle en llanto al verlo y comprender que era el , corrí hacia el calor de sus brazos y fue cuando supe que el era la única persona con la que quería estar… Alexander, era el, el único que me hacia sentir bien, tranquila y feliz, la única persona que en este minuto me haría mas bien que nadie; me abrazo fuertemente y me sentí protegida entre sus brazos, sentí que mientras estuviera con el nada me haría daño de nuevo, sentí que nada me pasaría y ese pensamiento fue lo que mas me reconforto.
-Por Dios! Estas congelada- dijo, y me di cuenta de que mis dientes castañeaban, que tiritaba intensamente, el se saco su chaqueta y me la puso en los hombros –ven déjame llevarte a tu casa y en el camino me cuentas que te pasa.
-NO!- me separe abruptamente de el –no quiero volver allá, por favor Alexander no me lleves a ese lugar te lo ruego, por favor – le suplique. Él me miro por unos segundos tratando de entender lo que me pasaba, y por que había reaccionado así, después de unos minutos el se acerco de nuevo a mi.
-Bien, pero me tendrás que decir que sucedió para que estés así. Ven, vamos a mi auto- dijo amablemente tomando mi brazo para acercarme de nuevo a el, me beso la frente tiernamente y coloco su brazo alrededor de mi cintura mientras me dirigía a su auto.
Mis dientes castañeaban violentamente y sentía mucho frio, pero solo el brazo que se encontraba tan protectoramente alrededor de mi cintura me hacia sentir tranquila y protegida, además de ayudarme a caminar ya que sentía mis piernas como lana lo cual me hacia dudar de poder caminar sin la ayuda de Alexander.
Llegamos al auto y el me ayudo a sentarme en el asiento del copiloto, acomodo su chaqueta en mis hombros cuando esta resbalo, y luego el dio la vuelta al auto para sentar en el asiento del piloto, en un acto reflejo acomode mis piernas junto a mi pecho para tratar de encontrar un poco de calor.
-Dios Meredith, estas toda mojada y muy helada… ¿Cuánto tiempo llevas ahí?- dijo atrayéndome a el.
-No lo se… lo siento por mojar tu auto- dije castañeando los dientes mientras sentía el calor de su piel junto a mi.
-No te preocupes por eso, no importa- beso mi cabeza y luego me soltó para encender el auto y poner la calefacción, acerque mis manos hacia aquel aire caliente que salía por los orificios para calentarlas. Pero para mi horror el auto comenzó a moverse y puse mi mano en el brazo de Alexander, aterrada de que este me llevara a esa casa.
-¿Para donde vamos?- le pregunte con solo un hilo de voz –Alexander por favor no me lleves a casa- el me acaricio la mejilla muy suave y despacio como si tuviera miedo de hacerme daño.
-No vamos a tu casa ángel, vamos a la mía, no te preocupes- me dijo mientras ponía en marcha el auto de nuevo.
Me sentí enormemente aliviada al oírlo decir esas palabras por lo que solo le pude sonreír como tonta, a cambio el me dio una perfecta y linda sonrisa que hizo que millones de mariposas revolotearan en mi estomago.
-y… ¿Qué hacías allí? ¿Qué paso?- me pregunto preocupado, yo mire fijamente la carretera recordando lo sucedido y se lo conté, así sin mas , y ni siquiera me puse a llorar, y eso es raro ya que soy muy llorona, bueno quizás es por el, el me hace sentir tranquila y me hace sentir mejor.
-Por ahora no te preocupes por nada, yo estoy contigo y no te voy a dejar sola- dijo con una sonrisa.
Luego de un rato note que entrabamos a un condominio y nos dirigimos a una casa muy bonita de dos pisos con un enorme jardín de entrada. El aparco el auto y me ayudo a salir, me tomo de la mano y me condujo hacia su casa que estaba totalmente oscura.
Cuando entramos la cas estaba calentita, el encendió las luces y quede deslumbrada con la belleza de esta, era una casa al mas puro estilo victoriano, era totalmente hermosa tanto que dudo que mis palabras puedan describirla tan bien, habían hermosos cuadros colgados en las paredes y los muebles eran antiquísimos pero tenían un brillo que podías decir que eran recién comprados.
-Tu casa esta hermosa- le dije sin mucho aliento.
-Te gusta?- me dijo con una sonrisita
-Me encanta
El me dirigió escaleras arriba a una gran habitación con una enorme cama con dosel y una gran ventana corrediza, el me ayudo a quitarme la chaqueta mojada y fue a sacar algo de su ropa para mi, la dejo en la cama y me dio un tierno beso.
-Cámbiate de ropa, la mía te va a quedar un poco grande pero es mejor que quedarte toda mojada- me dijo sonriendo
-Gracias- el se fue dejándome sola, me coloque sus ropas que aunque eran enormes, me encantaron por el solo hecho de tener su olor impreso en ellas. Cuando termine baje a buscarlo, el estaba en la cocina preparando algo de comer, me miro fijamente y sonrió.
-Te ves hermosa
Me puse roja cuando el no dejo de mirarme intensamente, en ese instante sentí como si estuviera desnuda bajo su atenta mirada, me sentí intimidada y tímida, cosa que casi nunca me pasaba, pronto el rio y se acerco a mi rodeándome con sus enormes y fuertes brazos, me beso en el cuello.
-Te pusiste roja- dijo contra mi cuello, yo solté una risita nerviosa y me apretó mas a el, luego se alejo un poco para mirarme a la cara, me perdí en la intensidad de sus ojos y el fuego que allí vi.
-Como quieres que no lo haga si me miras así- dije sin aliento.
-Así como- respondió con una de sus sonrisitas picaras que me mataban.
-no lo se…- dije nerviosa.
-Me encanta cuando te pones roja- me dijo tocando mi mejilla dulcemente. El sonrió y junto nuestros labios suave y despacio, luego el beso fue cobrando intensidad y no quise soltarlo nunca, sin darme cuenta mis manos tomaron su cabeza anclándolo a mi, mientras sus brazos me apretaban a el, por un momento sentí que se me iba la respiración por lo intenso que se había tornado el beso, pero en ese instante el se alejo.
Aturdida y con los labios hinchados, el tomo mi mano y me guio hacia el taburete donde me insto a sentarme y luego puso un plato de tallarines frente a mi.
-No soy un buen cocinero, pero hice lo que pude- en verdad no se veían muy apetecibles, pero estaba muerta de hambre y me lo comí todo, fue cuando me di cuenta que Alexander me miraba.
-¿Tu no vas a comer?
-No, no tengo hambre.
-Bueno yo um... gracias por la comida y m… voy arriba- le dije nerviosa –Buenas noches- me fui escaleras arriba sintiéndome como una estúpida y muy tonta.
Me encerré en la pieza recriminándome lo estúpida que fui, pero muriéndome por bajar y quedarme en sus brazos.
Me recosté, pero me revolví en la cama tratando de conciliar el sueño, pero sin conseguirlo, inquieta prendí el televisor y cambie los canales sin el mas mínimo interés en lo que hacia.
Tocaron levemente la puerta y mi corazón salto en anticipación, además de latir eufóricamente.
-Adelante- dije sentándome en la cama. La puerta comenzó a abrirse lentamente mostrando a Alexander que se encontraba cómodamente afirmado en el marco de la puerta.
-Yo creí que podríamos ver una película- me dijo sonriendo, mi corazón latió aun mas fuerte contra mi pecho, vi su linda sonrisa con su hermoso y esculpido rostro sereno, sentí que mi corazón se me salía del pecho –pero si estas muy cansada…
-No, estoy bien- respondí rápidamente.

-Voy a buscar unas películas y vuelvo-dijo dándose la vuelta, pero antes de irse, se volvió a mirarme -¿quieres ver alguna en particular?
-No, cualquiera- dije, el se fue y me levante rápidamente para ir al baño, me mire al espejo y me veía terrible, trate de arreglarme, pero fue prácticamente inútil y para cuando volví el ya estaba en la habitación ocupado con el equipo de video que estaba cerca de la televisión.
-¿y que película veremos?- le pregunte mientras me sentaba en la cama.
-Es una de acción nunca la he visto pero me han dicho que es bastante buena- me respondió terminando de colocarla y luego se sentó a mi lado en la cama.
Cuando la palicula comenzó me recosté para verla, pero no le puse ni la mas mínima atención ya que Alexander también se recostó en la cama, a mi lado, su brazo rodeo mis hombros de modo que apoye mi cabeza en su amplio y musculoso pecho, olía perfectamente su aroma desde allí, el olía a especias y a hombre, un aroma magníficamente exquisito.
Me encontraba tan cómoda en sus brazos que poco a poco fui tomada por la inconciencia quedándome dormida profundamente.
---FIN DEL CAPITULO---

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