miércoles, 24 de agosto de 2011

Directamente al Infierno- Capítulo 9

Cuando desperté él estaba a mi lado mirándome

-Buenos días dormilona- dijo saludando

-m… buenos días- le respondí adormilada, me comencé a mover y fue cuando me di cuenta que había algo al final de la cama, me senté y vi que era una bandeja con comida –¿tu hiciste eso?-le pregunte mirándolo.

-Intente, pero el original quedo horrible, así que Myriam me ayudo a hacerla- termino poniendo la bandeja en mis piernas, se veía realmente bien y tenía una hermosa rosa profundamente roja que estaba exquisitamente fresca, la tome y la lleve a mi nariz para olerla mientras lo miraba.

-Que linda- le dije sonriendo

-No tan linda como tú- me respondió serio, todo rastro de humor había desaparecido de su expresión y eso demostraba cuan en serio lo estaba diciendo.

Nos miramos fijamente y él se acercó a mí, me beso lentamente, el olía a una exquisita crema para afeitar y a especias, me volví loca por él, simplemente su olor bastaba para hacerme enloquecer.

-m… por un despertar como este me quedaría aquí por siempre- le dije con los ojos cerrados

-Yo sería el más contento con eso, pero sabes que debes volver a tu casa- me aleje un poco de él, y abrí los ojos, claro tenía que volver a la realidad y enfrentarme a lo que me tocaba… tenía que volver a casa… con mi familia, claro si es que se le puede llamar así, bueno en realidad ellos no me preocupan, sé que no están ni de cerca preocupados por mí, quizás ni siquiera notaron que no estaba en la casa; es mi primo Basthien el que me preocupa por qué sé que el realmente me quiere y de verdad se preocupa por mí.

-Si lo sé, ¿Qué hora es?, yo debería… debería irme- le dije sacando las bandeja de mis piernas para tratar de levantarme, pero él me tomo las manos, negando con la cabeza, me miro con sus penetrantes ojos y se acercó a mí, su frente toco la mía mientras sostenía mi mirada.

-No quiero que te vayas- me dijo en un susurro y me dio el beso más tierno y hermoso que me habían dado en mi vida, que hizo que mi corazón latiera a mil y que dentro de mi pecho se estableciera un nuevo y desconocido sentimiento hacia él.

-Pero dijiste…

-Shh- dijo silenciándome –dije que deberías volver, pero no dije cuándo- me sonrió pícaramente, luego se alejó para volver a colocar la bandeja en mi regazo- por ahora come tu desayuno.

Comí tranquila mientras él me miraba, no hablamos mucho y cuando termine de comer él se llevó la bandeja y me dejo sola para ducharme; olí el aroma de la rosa por última vez y me fui al baño.

Mientras estaba dentro de la ducha me relaje, el agua caliente lograba un efecto tranquilizador en mí que me hizo quedarme unos minutos más escuchando el sonido del agua cayendo; para cuando salí me di cuenta que no tenía ropa, me envolví en una toalla y fui a la habitación, en una esquina de la cama estaba mi ropa limpia y seca.

Me la puse y baje a buscar a Alexander, el cómo ayer, se encontraba en la cocina, estaba sentado conversando con una mujer entrada en años, se veía magnifico, y como si sintiera mi presencia se dio la vuelta hacia mí, nuestras miradas se enlazaron y me dirigió su linda sonrisa, camine hacia él, él se levantó y me envolvió en sus brazos, me beso hasta que recordé que no estábamos solos, y me aleje un poco de él, le di una mirada de disculpa a la mujer anciana pero ella solo me miro con una sonrisa, me trate de acercar a ella pero Alexander me tenía presa entre sus brazos, le di la espalda para poder ver mejor a la anciana y el solo me envolvió con sus brazos y me beso el cuello.

-Myriam, ella es Meredith, Meredith ella es Myriam- dijo presentándonos

-Hola- le dije, mientras estiraba la mano para saludarla –encantada de conocerla.

-Hola señorita, encantada de conocerla también- me dijo alegremente –estoy muy contenta ya que mi niño está feliz ,y estoy muy agradecida con usted señorita, él es una persona muy solitaria y casi nunca tiene amigos, gracias por estar con el- termino tomándome las manos entre las suyas, estas eran delicadas y con bastantes arrugas que demostraban su edad, en realidad no supe mucho que hacer más que devolverle el gesto apretando levemente sus manos, ella era increíblemente amable y saltaba a la vista que se preocupaba y quería mucho a Alexander, le di una pequeña sonrisa antes de mirar Alexander un momento, él todavía me tenía presa entre sus brazos, él se acercó más a mí de modo que su mejilla se presionó con la mía.

-No sabía que fuera tan solitario- le comente a la adorable anciana

-Saben estoy aquí, no me gusta que me ignoren y hablen como si no estuviera.

-Si es muy solitario- ella suspiro no tomando en cuenta la intervención de Alexander -¿Quieren que les sirva algo de comer?

-No, no te preocupes, ya nos vamos- le dijo sonriendo, luego me tomo de la mano y me guio fuera de la casa.

-¿A dónde vamos?- le pregunte, el no dijo ni una sola palabra mientras me habría caballerosamente la puerta del auto y luego la cerraba, dio la vuelta al auto y se subió al asiento del conductor -¿me vas a responder?- le pregunte un poco irritada con tanto misterio, el tomo mi cara entre sus manos y me beso, su beso apago la irritación que crecía en mí y me hizo concentrarme solo en él, mariposas revolotearon en mi estómago como siempre me pasa cuando me besa, y quise, en ese momento perfecto, no soltarlo nunca, pero desgraciadamente el beso termino y el toco mis labios hinchados con su dedo pulgar, mientras su mirada los veía hipnotizado.

-Pensé que podríamos ir a dar una vuelta por ahí ¿quieres?- le sonreí

-Claro- le dije, el a regañadientes se alejó de mí y puso el auto en marcha.

Luego de salir del condominio fuimos a un parque, que se encontraba cerca, allí había varios niños jugando, me baje de auto para esperar a Alexander en el parque mientras el encontraba lugar para aparcar, entretanto fui a sentarme a un banco y mire a los niños jugar, verlos inmediatamente me recordó a mi niñez y sentí envidia. Cuando era pequeña yo siempre tuve todo lo que quise, era una niñita caprichosa y superficial, nunca vi más allá de mis narices y ciertamente nunca me importaron los demás, yo no creía en el amor ni en nada parecido porque nunca lo tuve, por lo menos no que proviniera de mis padres, saltaba a la vista que ellos no me querían, ni tampoco mis hermanos, para ellos yo solo era un estorbo, por eso contrataron a una nana para que se hiciera cargo de mí, ella me brindo amor y cariño, pero yo estaba tan ciega que nunca me di cuenta de eso, y solo adjudicaba su preocupación por mi como un deber de su oficio, me volví fría y solitaria.

Hasta que un día en una gran reunión familiar conocí a mi excéntrico y travieso primo Basthien, el me presento a la abuela, a la que extrañamente yo no conocía, ellos poco a poco se fueron metiendo en mi vida hasta ser las personas más importantes, junto con mi nana; ellos me enseñaron a amar y a sonreír, en ese minuto me di cuenta de la equivocada percepción que tenia de la vida, de lo equivocada que estaba mi familia, si es que se les puede llamar familia.

De la nada unas manos taparon mis ojos suavemente, eran manos grandes, como el doble de las mías, las toque para luego subir por los grandes y musculosos brazos, hasta llegara a los hombros, llegado a este punto sabía exactamente quién era.

-Alexander- le dije riendo, el me beso la mejilla y afirmo una mano en el respaldo de la banca y dio un salto que lo dejo sentado a mi lado, yo quede totalmente sorprendida por la agilidad y gracia con que lo hizo –Wow

-¿En qué pensabas tanto hermosa?, te vi muy pensativa cuando venía para acá- me dijo preocupado.

-Yo… solo pensaba, en lo solitaria que fue mi niñez… en cierto modo les tengo envidia- le dije mirando a los niños –ellos son todo sonrisas y sus madres los quieren mucho- dije mirando a una madre abrazar con mucho cariño a su hijo que se había caído.

-Sabes… mis padres no fueron lo que se dice muy cariñosos conmigo, pero en el fondo yo sé que ellos me quieren, como sé que tus padres te quieren a ti y como muchas otras personas lo hacemos- no sé si fue la forma en que se incluyó en esa oración o la forma tan dulce en que lo dijo, que atrajo lagrimas a mis ojos, las que rápidamente trate de alejarlas.

-Gracias, eres muy… tierno- le dije mirando hacia otro lado tratando de alejar las lágrimas, el tomo suavemente mi mentón y lo giro para que lo mirara.

-Solo dije lo que en realidad sentí- había tanto sentimiento en sus hermosos ojos marrones que destellaban raros, lo bese movida por el puro sentimiento de alegría al tenerlo cerca.

-Wow! Pero miren a quien tenemos aquí- dijo una voz fría como el hielo, que hizo que se me erizara el vello de la nuca –si no es la hermosísima Meredith Somehaldert y el don nadie de Alexander- era Nathan y por el tono se notaba furioso, me aleje al instante de Alexander y mire a un Nathan que a la vista saltaba que quería matar a Alexander –Suéltala- gruño, su furia era palpable y tuve miedo, no por mi sino por Alexander, lo que menos quiero es que se pongan a pelear en este lugar, ni en ningún otro.

Me puse entre ellos dos, quienes se miraban con furia, y enfrenté a Nathan, en realidad estaba enojada, no, más que eso estaba harta de esta situación.

-¿Qué haces aquí?- le pregunte a Nathan, el me miro a los ojos, y de improviso agarro mi brazo jalándome hacia él, aunque no le duro mucho, porque sin saber cómo ni cuándo Alexander agarro fuertemente su muñeca, fue tan rápido que ni siquiera vi cómo se acercó a mi lado y evito que Nathan me llevara totalmente consigo.

-Suéltala- dijo entre dientes Alexander muy enojado, él y Nathan se miraron con odio.

-Nathan me estás haciendo daño- le grite, el reacciono un poco y me soltó, Alexander me coloco detrás de si bloqueando mi visión de Nathan.

Alexander estaba furioso, lo podía sentir, y de pronto golpeo a Nathan, quien luego de componerse del golpe, le devolvió uno parecido, en ese momento se inició la pelea entre los dos, grite como histérica para que se separaran, pero ninguno me hacía caso, y sentí tanto miedo, me sentí tan inútil de no ser capaz de separarlos, que en un impulso me metí entre ellos y le grite.

-Paren! Por favor- les dije sin mucho aliento, los dos sangraban y me sentí enferma, asqueada conmigo misma por haber creado esta situación.

Mis ojos nadaron en lágrimas mientras miraba a Nathan, el me devolvió la mirada, y vi algo en sus ojos, algo… algo había cambiado en él, como si hubiese entendido algo, que siempre estuvo allí pero nunca lo vio.

-¿Porque…?- le susurre despacio, el me miro muy dolido.

-No sabía que te importara tanto este tipo- me dijo, y su voz… o Dios, nunca lo había escuchado tan herido en mi vida, mi corazón se fragmento en mil pedazos mientras él se daba la vuelta y se marchaba.

Quise seguirlo y decirle que lo sentía, Dios mío! Quise decirle tantas cosas, pero mis piernas simplemente no reaccionaron, quise gritarle que se detuviera, que me esperara, que me escuchara, pero mi voz no salió, en vez de tanto que quise decir y hacer, me quede allí mirándolo desaparecer, mientras las lágrimas cayeron por mis mejillas.

Sentí a Alexander acercarse a mí y rápidamente seque mis lágrimas.

-Llévame a casa por favor- le pedí, el no dijo nada mientras volvíamos al auto, me abrió la puerta del mismo pero antes de cerrarla me miró fijamente, pero yo desvié mi mirada no queriendo verlo.

-Lo siento, yo… no debí golpearlo, tienes razón en estar enojada conmigo, pero él te estaba lastimando y simplemente no lo pude aguantar… lo siento- me lo dijo con tanta sinceridad que me dolió y me hizo sentir culpable por la forma en que lo trate.

-no, perdóname tu… y no estoy enojada contigo, es solo que verlos pelear me molesta, me lastima y no me gusta que más encima la causante de eso…- no puede terminar la frase porque mi voz se quebró, él se agacho a mi lado y vi ahora completamente su cara; su boca y su ceja derecha sangraban, lo que hizo que me sintiera peor conmigo misma –Alexander- le dije sin aliento mientras miraba sus heridas, mis manos por fuerza propia fueron a su cara y lo toque suavemente, y me llene de rabia por haber provocado esto -perdón.

-No tengo absolutamente nada que perdonarte pequeña- él se acercó y me beso, sentí un leve sabor cobrizo en el beso producto de la sangre.

Me aleje de él, ya que no podía hacerle esto, no cuando en realidad no sé lo que quiero, ni a quien quiero.

-No, esto está mal yo no debo…- el me acalló con otro de sus besos, el besaba magnifico pero, de verdad yo estoy muy confundida en este momento y es mejor dejar las cosas claras, así que me aleje de el- NO.

-¿Pero porque no? Yo te quiero mucho, y estoy seguro de que tú también me quieres…- el me miró fijamente y luego suspiro bajando la mirada –es por… Nathan?

-…Si, yo no te quiero engañar de esta manera Alexander, yo creo que todavía siento algo por él, y no te niego que te quiero y me gustas, pero no me parece bien estar contigo mientras este confundida.

-yo… um… te entiendo y no te voy a presionar… entonces um… quedamos solo como amigos?- me sonrió y aunque tenía sangre en su cara aún se veía benditamente hermoso.

-Si eso creo…- cerro la puerta y entro al auto por el lado del conductor, busque un pañuelo para limpiarle la sangre, pero era raro porque era como si no le importaran en lo más mínimo los golpes, ni siquiera hacia la más pequeña mueca de dolor –acá déjame limpiarte- le dije llamando su atención.

-No te preocupes, no importa- dijo poniendo en marcha el auto y sin pensarlo tome su mano para que se detuviera, el miro mi mano y aproveche ese minuto para acercarme y tomar su mentón para hacer que me mirara y poder limpiar su cara, él se quedó tan quieto, que hasta pensé que ya ni respiraba, pero la mirada en su cara me decía que si estaba vivo.

-Creo… que así estas mejor…- me aleje de él y me reacomode en mi asiento.

-Gracias-

-De nada-

El me condujo hasta mi casa y de un momento a otro nos vimos sumidos en un silencio incomodo, ninguno de los dos dijo una palabra en el trayecto, y aunque no quiero por nada del mundo ir a mi casa, la prefiero mil veces antes que estar en esta situación, en realidad no se lo que nos llevó a esto, me siento tan culpable, tan tonta y tan estúpida… Alexander es muy bueno conmigo, no se merece para nada que le haga el daño que le estoy haciendo.

Sumida en mis pensamientos, no me había dado cuenta que el auto se había detenido, hasta que Alexander abrió la puerta, el lugar en donde nos detuvimos no era mi casa, estaba rodeado de árboles que se encontraban en plena etapa de florecimiento, salí del auto y mire a Alexander confundida.

-Te veías tan triste en el auto, que supuse que no querías ir aun a tu casa,-sonrió- ven – me dijo tomándome la mano, el lugar estaba rodeado de hermosos árboles, seguí a Alexander, y luego vi un claro, era muy lindo, con el pasto largo que terminaba en un barranco; me acerque al fin del pasto admirando la belleza de las aguas cristalinas chocando contra las rocas, era un paisaje muy hermoso digno de cualquier postal u obra de arte.

-Es muy hermoso- le dije sonriendo y aspirando el rico olor de árboles y mar combinados -¿Cómo lo encontraste?

-La propiedad era de mi tío abuelo, el murió hace unos años y le heredo la propiedad a mi padre, él no le interesaba así que la puso en venta y yo me las ingenie para comprarla, es un terreno bastante extenso y mi padre me la vendió un poco caro, así que acabo con la mayoría de mis ahorros- termino sonriendo.

Me senté y me inundo el sentido de libertad, de paz, me recosté en el pasto sonriendo del placer que esto me provocaba, él me observaba sereno y le hice señas para que se uniera a mí, él se sentó en el pasto y tire de él hasta que estuvo acostado como yo, él se rio despacio por mi impaciencia.

Su risa era tan linda y hermosa, era algo mágico, música para mis odios que me encantaría escuchar siempre.

-Mira esa nube, tiene cara de cerdito- me reí al verla.

-¿Cuál?

-Esa mira- la apunte con el dedo.

-mm… no se… en realidad no le veo forma, para mí solo es una nube normal

-Lo que pasa es no tienes imaginación- le dije apoyándome en su pecho para mirarlo –tienes que dejar llevar tu mente para ver cosas como esas ¿sabes?

-Prefiero tener mi mente centrada para ver a la hermosa mujer que tengo frente a mí- me observo fijamente con sus penetrantes ojos, luego de un momento sonrió – sabes, ahora que lo recuerdo, tienes que ir a ver una película conmigo, me la debes.

-¿Yo? No te debo nada- le respondí juguetonamente mientras me sentaba de espaldas a él.

-Claro que sí! Anoche te quedaste dormida y no viste la película.

-A pero…

-Pero nada- dijo atrayéndome hacia él, se había sentado y yo me encontraba entre sus piernas abiertas, sus brazos me rodeaban y sus manos estaban en mi estómago –Me lo debes y yo siempre cobro a mis deudores- me hablo al oído, me reí, se sentía tan bien estar así con él, su olor me rodeaba, llenaba todos mis sentidos haciendo que tuviera el loco deseo de darme la vuelta, besarlo en su hermosa y pecaminosa boca, que me tentaba y hacia que cada vez me volviera más loca.

El olio mi cabello y luego lo quito dejando mi cuello expuesto, el me beso allí, y un extraño escalofrió recorrió mi cuerpo, su beso fue largo y cuando se terminó, él se levantó dejándome sola y un extraño sentimiento me embargo… miedo?... no, no podía ser eso… es simplemente estúpido.

Decidí olvidarlo, dejar llevar a mi loca mente no ayudaría en nada, con un suspiro me levante buscándolo, lo encontré apoyado en un árbol mirando hacia un punto en el horizonte, se veía tan solo, desolado y me dolió el corazón verlo así.

-¿Tienes hambre?- le pregunte acercándome.

-No ¿tu?- le sonreí

-La verdad es que me muero de hambre- el me sonrió, pero su sonrisa no llego a sus ojos, en ese instante me moría por saber que le había pasado para estar en ese estado anímico, quizás fue algo que hice o dije, nunca lo sabría porque no tenía el suficiente valor para preguntárselo; me propuse hacerlo olvidar, fuera lo que fuera que lo ponía así lo iba a borrar de su hermosa mirada.

El me llevo a el restaurant más cercano, comimos tranquilamente, él se reía, sin embargo, no estaba feliz, lo sabía por su mirada, cada tanto se ensombrecía y me miraba con resignación, me sentí horrible, lo más seguro era que fuera yo la causante de su tristeza y eso hacía que mi corazón se contrajera en mi pecho.

Luego de la comida, fuimos a dar una caminata a los alrededores, y me enganché de su brazo mientras conversábamos de todo y nada a la vez, pero luego nos vimos sumidos en un largo silencio.

-¿Qué puedo hacer para que estés feliz?- mi voz no fue más que un susurro casi inaudible, pero el paro inmediato en medio de la acera y me miro confundido.

-no tienes que hacer nada- ahueco mi cara entre sus manos y me obligó a mirarlo- lo haces todo con solo mirarme- me sonrió y se acercó más a mí –con estar junto a mí, con respirar , con vivir, tú me haces feliz, no importa lo que hagas, no importa lo que digas, soy feliz con solo mirarte y saber que estas bien- suspiro y sentí su cálido aliento en mis labios –cada día me gustas más, cada día te vas metiendo más aquí- tomo mi mano dirigiéndola a su corazón mientras hablaba –y no tengo la más mínima intención de sacarte.

Me miro a los ojos y vi que quería besarme, pero se contuvo, su mandíbula estaba fuertemente apretada, hasta el punto que pensé que sus dientes se romperían, lleve mi mano hasta esta y lo acaricie, el cerro los ojos disfrutando la sensación al igual como yo la disfrute, luego abrió los ojos, beso mi mejilla y se apartó sonriéndome.

Regresamos a donde él había aparcado su auto y me llevo a mi casa, cuando llegamos vimos a Basthien que estaba a punto de salir, cuando me vio corrió a mi lado.

-¿Dónde estabas?-Me pregunto Basthien muy preocupado –te he estado buscando Meredith, tenías muy preocupado- dijo abrazándome.

-Lo siento, tenía que haberte llamado- me disculpe, pero él aun no me soltaba y tuve que darle un pequeño empujoncito para que se alejara –uhh, él es Alexander…. Un amigo- le dije a Basthien, pero mirando a Alexander, el me sonrío tranquilo y fue cuando me di cuenta de que manchas oscuras marcaban su hermosa piel, consecuencia clara de la pelea que tuvo con Nathan –él es mi primo Basthien- ellos se saludaron y un incómodo silencio nos llenó.

-Bueno, ya estás en casa, sana y salva- me sonrió Alexander –creo que es hora de irme.

-Si… er… gracias… por todo- me acerque a él y lo besé en la mejilla, el respondió con un tierna sonrisa y se dio la vuelta para irse, instantáneamente sentí un vacío que se propago dentro de mi pecho, y tuve el loco deseo de detener su auto e irme con el…

En vez de eso, me di la vuelta y camine a la casa junto a Basthien, quien me miraba con un claro signo de interrogación grabado en su hermosa cara.

-¿y…?

-Y… ¿Qué?- pregunte haciéndome la loca.

-¿Qué paso? ¿Por qué no llegaste? ¿Dónde estuviste?... – me bombardeo el con preguntas.

-Estuve en casa de Alexander- el solo nombrarlo hizo que mi lindo primo se calmara y entendiera todo, se tranquilizó y su brazo izquierdo rodeo mis hombros mientras subíamos las escaleras de la casa.

-Bueno por lo menos podrías haber avisado, estaba muy preocupado, pensando que quizás te habrían violado y en cualquier momento un agente de la policía llamaría para avisar que habían encontrado tu cuerpo a la orilla de un rio, o peor aún que te raptaron los ovnis y nunca más te volvería a ver- me dijo dramáticamente.

-Creo que ves mucha tele- me reí –en verdad lo siento, me olvide de marcarte para avisar- le respondí sinceramente, el no hizo más de sus ingeniosos comentarios ni me pregunto más hasta que llegamos a la puerta de mi habitación.

-Creo que tienes que estar agotada, asique mejor me voy- me beso la frente en señal de despedida –luego hablamos- se fue y entre en mi habitación.

Él tenía razón, estaba agotada y cuando me lancé a mi cama, un intenso agotamiento fue ganando la batalla a mi mente y poco a poco fui conducida a la inconciencia quedándome dormida profundamente.

Me desperté por los suaves golpes en la puerta, estos me fueron sacando lentamente de mi estado de somnolencia y bostezando musite un suave pase.

La puerta se abrió lentamente, mostrando a un Basthien un poco incómodo el cual traía una bandeja con comida, él la puso en mi cama y se sentó a mi lado.

-Como no bajabas a comer, decidí traerte la cena y de paso traje la mía para que cenemos juntos, mientras puedes contarme con lujo de detalles los motivos por los cuales no llegaste a dormir anoche señorita- me habló con un tono de reproche

-Ya te dije que estaba con Alexander- el resoplo

-Si ¿pero no me has oído? Quiero detalles.

-Dios Basthien! Eres peor que una vieja chismosa.

-Puedes ser todo lo que quieras, pero aun así me quieres como a un hermano y me vas a contar que sucedió- me dijo con una sonrisilla hermosa, suspire, el me conocía tan bien, que sabía que se lo iba a contar, y así lo hice, le conté todo mientras cenábamos.

-Ese Alexander me gusta cada día más ¿sabes?- me comento.

-Si- suspire –a mi igual y es por eso que le dije que quedáramos solo como amigos.

-Wow! ¿De verdad hiciste eso?- asentí

-Yo… no quiero que el lo pase mal sabes… no quiero hacerle daño- él se quedó callado y terminamos de cenar en el silencio de mi habitación, luego me excuse para que me dejara sola, me fui a bañar y luego de eso salí al balcón en busca de aire fresco. En lo alto del cielo la luna estaba llena, rodeada de hermosas estrellas, verla noche así de pacifica me inspiraba paz, tranquilidad, me hizo sentir bien y con energías renovadas entre de nuevo a mi cuarto.

Me acosté luego de un rato, pero no pude conciliar el sueño, me revolví en la cama tratando de dormir, de improviso una imagen se me vino a la mente y me levante yendo hacia el armario y la vi… allí estaba justo como me había acordado, la tomé entre mis manos e inhale su maravilloso olor impregnado aun en su chaqueta, con ella entre mis brazos, volví a la cama y oliendo su exquisito aroma poco a poco fui quedándome dormida.

--Fin del Capítulo--

jueves, 10 de febrero de 2011

Capitulo 8


El se sentó sin dejar de mirarme, su cara era una mascar sin sentimientos visibles, y no se lo que en verdad quiere veniéndose a sentar frente a mi…
Pronto sus ojos dejaron los míos posándose en un lugar a mi derecha, al seguir la dirección de su mirada encontré a Alexander, quien lo miraba tranquilo pero desafiante, un escalofrío recorrió mi espalda mientras los observaba, Nathan lo miraba con un odio y una furia que eran casi palpables, lo peor de todo es que ninguno de los dos apartaba la mirada del otro, como si mantuvieran un desafío personal, no se que hacer, esta situación me pone muy nerviosa ya que se que esta enemistad entre ellos fue provocada por mi no intencionalmente pero fue por mi, y ni siquiera se el motivo; mi mirada recorrió la mesa en busca de ayuda, pero descubrí que todos se habían quedado en silencio al darse cuenta de lo que ocurría, todos perplejos al igual que yo.
Cecily me miro nerviosa, ya que ella de verdad entendía lo que ocurría entre ellos dos.
-ehh…-soltó una risita nerviosa- ya que estamos todos aquí será mejor que comencemos a comer ¿no les parece?- termino, dedicándoles una mirada a mis amigos, ellos asintieron vagamente pero sin dejar de estar atentos a lo que sucedía, aun podía sentir algunas de las miradas en mi, expectantes.
Por mi parte me quede mirando mi bandeja, ya sin mucho apetito, pero recordando la promesa que le había hecho a mi nana en la mañana, haciendo un esfuerzo tome los cubiertos y me dispuse a comer fingiendo que nada sucedía, aunque sentía la tensión existente entre Alexander y Nathan.
-Pensé que habías dicho que no ibas a comer con nosotros hoy Nathan- le dijo Erick
-Cambie de opinión- le respondió simplemente, el me miro y todo dentro de mi corazón se revolvió, esos ojos azules contenían tal intensidad que me ponían nerviosa y revivían el amor que tan fuertemente he tratado de ocultar… lo que sigo sin entender es la razón por la cual Nathan hace esto, es incomprensible para mi entender el motivo , ya que solo ayer el me odiaba y me trato de la peor manera en la que se puede tratar a una mujer, luego sin ningún motivo golpea y amenaza a Alexander y ahora sus ojos… dicen todo lo contrario a lo que me dijo ayer… puedo estar equivocada pero…
-Has estado tan extraño estos últimos días que no sabemos lo que te sucede Nathan- le dijo tratando de llamar su atención, el ni siquiera la miro y se encogió de hombros despreocupadamente.
-¿y que hay de ti?-Pregunto mirando a Alexander, si se podía la tensión entre ellos se hizo mas fuerte y mucho mas notable ante todos.
-Nada que a ti te importe- le respondió el cortante.
-oh!- exclamo Nathan atrayendo la atención de todos en la mesa –claro que me importa tomando en cuenta que eres el nuevo novio de nuestra querida Medi y yo como su mejor amigo tengo que cuidarla de estúpidos- dijo sarcásticamente.
- y eso lo dices tu?, con menor razón debería importarte tomando en cuenta lo poco hombre que eres y como no sabes tratar bien a las mujeres, especialmente a Meredith-
-¿y eso que tiene que ver?-le respondió Nathan apretando los dientes de furia – a mi parecer no tiene nada que ver y eres un mariquita, un niñito bonito hijo de papi, que no puede enfrentar sus problemas como hombre- el se levanto de la silla desafiante- anda vamos afuera y resolvamos esto, a no ser que tengas miedo…
-Acaso no te basto con la paliza de antes?... miedo de ti…. Una persona hipócrita que trata mal a su supuesta mejor amiga diciéndole…
-¡Alexander para! ¡paren los dos!- les dije furiosa, me levante y deposite mi bandeja con los restos de comida en el contenedor y me fui de allí.
Fui a mi casillero para sacar lo que necesitaba para el fin de semana y cuando lo cerré allí estaba Alexander mirándome, enojada como estaba me di la vuelta y me aleje de el.
-Meredith, lo siento, perdóname yo solo…
-no Alexander, ya estoy cansada de todo esto, solo… déjame tranquila- le respondí dándole la espalda y alejándome.
-Meredith- dijo el agarrándome del brazo impidiendo que me fuera –por favor.
-Suéltame- el lentamente soltó su agarre de mi brazo.
Me fui de allí hacia mi auto, mientras me iba comenzó a llover, cuando ya estuve en el auto no sabia a donde ir y no quería ir a mi casa, asique al final decidí ir a un bar para pasar un poco el tiempo; al llegar pedí una copa de whisky y como era costumbre recordé a Nathan con su arrogancia y su hipocresía, aun así debo confesar que aun me gusta y sus ultimas acciones me confunden mucho, hasta el punto en que no se si me quiere o me odia y Alexander… bueno el… se que trataba de defenderme y quizás fui muy dura con el, lo trate muy mal, pero una parte inconsciente de mi tiene miedo, miedo de que me pase con el lo mismo que me paso con Nathan, el es muy especial para mi y…
Perdida en mis pensamientos no me di cuenta de que alguien se encontraba a mi lado y cuando levante la mirada vi los ojos verde musgo de mi primo Basthien, me lancé a sus brazos contenta de verlo, no sabia que el estaba en el país, lo ultimo que supe de el fue que estaba en Europa y verlo aquí me llena de alegría.
-¡Basthien!- le dije alegremente
-¡Meredith! Cuanto has crecido, hace años que no te veía- dijo risueño.
-Pues tu no has cambiado en nada sigues igual de apuesto que antes, me alegra tanto verte, te extrañe mucho- el es muy lindo con ojos verde musgo, pelo castaño con un tinte rubio, tés morena clara, el trabajaba como cantante por eso se fue hace años a Europa en una gira ya que su música es muy vendida por allá.
-yo también te extrañe mucho, ¿y como estas? ¿y que hace una mujer tan linda como tu aquí sola?- me pregunto curioso.
-um… la verdad es que no estoy muy bien- le respondí sentándome –es por eso que estoy aquí sola, para pensar- cuando éramos pequeños pasábamos mucho tiempo juntos y nos hicimos los mejores amigos, mas que eso, lo quiero como si fuera mi hermano mayor, ya que siempre me cuida y me protege además me aconseja cuando no se que hacer, confió mucho en el, el es mi apoyo en los momentos mas difíciles.
-¿ y por que seria eso primita?- me pregunto sentándose a mi lado.
-uf, tu sabes, lo mismo de siempre, mis padres, Nathan y… Alexander
-uh, ese Alexander es nuevo…¿Quién es?- sin mas le conté todo, sobre Nathan, Alexander, también le conté lo confundida que los dos me ponen y lo que sentía por cada uno. Al terminar el me dedico un hermosa sonrisa.
-No te preocupes ahora por ellos, yo se que tus sentimientos se aclararan a medida que pase el tiempo.
-Gracias- le dije, y me sentí segura, sentí que ahora que esta aquí conmigo todo se solucionaría o por lo menos que no enfrentaría los problemas sola; Basthien es tan lindo y lo quiero tanto, el debería haber sido mi hermano en ves del cerdo que tengo por hermano –bueno ¿y que haces aquí? ¿pensé que estabas en Europa?
-Bueno si estaba, pero volví por mi padre que me pidió que lo ayudara con alguno de sus negocios, tu sabes que a el no le gusta que sea cantante.
-m… ¿así que ahora vas a trabajar con el?
-no solo lo voy a ayudar a veces- me dijo sonriendo.
- ¿ y hay alguien especial que ronde tu corazón primito? ¿alguna novia?
-nah…sinceramente creo que las mujeres no son para mi- yo reí al escucharlo ya que el es lo mas mujeriego que puede haber –en serio, de verdad hasta he pensado en hacerme cura o algo por el estilo- yo reí con mas ganas.
-¿tu cura?
-hey no te rías, es serio- me reprendió.
-okay, lo siento- dije tratando de calmarme- sabes que creo que deberías convertirte en gay.
-¿tu crees primita?- dijo haciéndome ojitos y estirando la boca, me puse a reír nuevamente, se veía tan ridículo y ya me lo imagino con pantalones apretados color rosa y una playera apretada del mismo color, solo imaginarlo así, a él, me hizo reír mucho mas.
-¡no! Francamente te ves ridículo- le dije riendo, el hizo un puchero que desapareció al ver a la camarera aproximarse hacia nuestra mesa; ella era rubia con ojos azules, vestía una falda muy pequeña y una blusa con un gran escote, al lado del cual tenia una placa que la identificaba con el nombre de Syndil.
-Les traigo algo mas- pregunto coqueteándole a Basthien, el cual la miraba interesado.
-si- dijo el –tráenos dos vasos mas de lo que ella se sirve- le dijo apuntando mi vaso – y ¿ me puedes dar tu numero querida Syndil?- termino coqueteándole, ella lanzo una risita y se fue.
-¡Por dios Basthien! Hace un momento me estabas diciendo que las mujeres no eran para ti y ahora coqueteas abiertamente con la camarera, aunque sea disimúlalo un poco.
-Ardiente camarera y por favor Meredith soy un hombre ok? tengo derecho a divertirme- dijo riendo.
Deje pasar eso y hasta hice como que no existía cuando la camarera volvió con el pedido y dejo una servilleta con un numero de teléfono frente a Basthien; luego de eso nos quedamos un rato mas en el bar conversando y luego nos fuimos a mi casa donde el planeaba pasar una temporada.
Cuando llegamos, estaba toda mi familia reunida en la mesa cenando; bueno por un lado ara bastante bueno, ellos no actuaban así, solo cuando querían guardar las apariencias de ser una familia feliz y ejemplar, lo que absolutamente no eramos.
-¡oh! Basthien querido, que bueno que ya has llegado- le dijo sonriendo cínicamente -ven sientate con nosotros a la mesa- Dios, como odiaba esto, estas “reuniones familiares” nunca terminaban bien y eran un completo asco.
Basthien y yo nos sentamos juntos, muy incómodos los dos, Starla estaba sentada frente a mi y me miraba con una de sus sonrisas maliciosas, si bien, ella era mi hermana pero estaba loca y era una maldita estúpida, de verdad no se como es mi hermana.
-Espero que la pequeña perdedora no te haya aburrido mucho querido Basthien, si quieres mañana te puedo hacer un completo recorrido por...
-No te preocupes, gracias, Meredith se va a encargar de todo eso y la pequeña perdedora como tu la llamas no me ha a aburrido en lo mas mínimo- dijo el interrumpiéndola pero hablándole lo mas cortes que pudo.
-¡oh! ¿De verdad?- dijo Ella fingiendo impresión - ahh... y con que lo entretuviste? con tus estúpidos problemas llorando como una magdalena- ella me imito y eso hizo hervir mi sangre con furia -¿o hiciste algo mas? oh por Dios Meredith eres una perdedora patética- gruñí furiosa, mientras Basthien me tomo la mano bajo la mesa para que me calmara.
-Eso no te importa, pero tratándose de ti.... es mas que obvio que tendrías una muy buena entretención para el ¿no?, te habrías lanzado a el como la perra que eres!!
-¡MEREDITH! ¡BASTA! ¡esas no son palabras para hablarle a tu hermana!- dijo mi padre furioso, luego miro a mi mamá- Selena calla a tu hija, esto es todo tu culpa mujer así que callala!
-¡¿mi culpa?!- rió ella enojada -Por Dios Alphonse! tu eres el que nunca esta en esta casa para educar a estos niños
-Tu eres su madre, tu eres la que deberías criarlos, es tu entera responsabilidad, son tus hijos!! ¡ERES DEMACIADO LIBERAL SELENA!!
-No quieras echarme toda la culpa a mi, tu también eres culpable...
La pelea siguio, pero en ese instante me levante y corrí escaleras arriba a mi habitación, me encerré allí tratando de no escuchar sus gritos que me perseguían, ni siquiera me había dado cuenta de que mi rostro estaba húmedo con lágrimas, me las seque rápidamente con la manga de mi suéter y fui hacia la ventana balcón, afuera llovía intensamente, en realidad no tenia nada en mente cuando abrí la puerta corrediza y me incorpore a la lluvia, me moví hacia la orilla del balcón con una idea en mente, sabia que era mi única forma de escapar de este infierno, se que en cualquier momento Basthien tocara mi puerta y ahora, en este preciso momento quiero estar sola. Mire hacia abajo y la distancia era bastante pero no tanta para hacerme desistir asique me tire...
La caída fue dura, pero en tanto me pude poner en pie comencé a correr por la playa sin un rumbo fijo, solo tratando de alejarme de esa casa... a la distancia escuche la voz de Basthien llamándome, pero no pude parar y solo corrí lejos...
Cuando me detuve la lluvia cesaba un poco y ya me encontraba muy lejos de esa casa, cansada me derrumbe en la arena mientras mi mente repetía una y otra vez las voces de mis padres peleándose, recordé sin querer viejas peleas, peleas que había presenciado cuando era pequeña, que me hicieron mucho daño, me hacían preguntarme si en verdad ellos me querían, si alguna vez me quisieron, si alguna vez me miraron con cariño o me acariciaron o me leyeron un libro para dormir… no que recuerde y eso me hacia mas daño aun.
El tiempo paso y aun me encontraba allí mirando perdidamente el mar; fui levemente consiente de que la lluvia paraba por completo aun así no pude moverme, mi mente vagaba en pensamientos incorrectos… Me sentí perdida en un mundo que sentía que no era correcto, algo en el mundo donde vivía no encajaba… o ciertamente yo no encajaba en ese mundo, en el todo gira en torno al dinero, poder y posición social, yo tengo todo eso pero había algo en mi que no le gustaba eso, que no encajaba con eso, es por eso que siempre he sido diferente de mis hermanos y de las demás personas.

A la deriva de mis pensamientos sentí una mano caliente en mi hombro, sobresaltada y asustada me aleje de ella pensando que podría ser alguien de mi familia. Cuando levante la mirada unos ojos marrones me miraban con preocupación. Me sentí un poco decepcionada, una pequeña parte de mi aun esperaba que fuera mi madre o quizás mi padre el que estuviera allí, para pedirme perdón por lo sucedido, desde niña siempre había albergado esa ilusión que quizás nunca se cumpliría.
-Meredith ¿que haces aquí?- me pregunto muy preocupado, yo estalle en llanto al verlo y comprender que era el , corrí hacia el calor de sus brazos y fue cuando supe que el era la única persona con la que quería estar… Alexander, era el, el único que me hacia sentir bien, tranquila y feliz, la única persona que en este minuto me haría mas bien que nadie; me abrazo fuertemente y me sentí protegida entre sus brazos, sentí que mientras estuviera con el nada me haría daño de nuevo, sentí que nada me pasaría y ese pensamiento fue lo que mas me reconforto.
-Por Dios! Estas congelada- dijo, y me di cuenta de que mis dientes castañeaban, que tiritaba intensamente, el se saco su chaqueta y me la puso en los hombros –ven déjame llevarte a tu casa y en el camino me cuentas que te pasa.
-NO!- me separe abruptamente de el –no quiero volver allá, por favor Alexander no me lleves a ese lugar te lo ruego, por favor – le suplique. Él me miro por unos segundos tratando de entender lo que me pasaba, y por que había reaccionado así, después de unos minutos el se acerco de nuevo a mi.
-Bien, pero me tendrás que decir que sucedió para que estés así. Ven, vamos a mi auto- dijo amablemente tomando mi brazo para acercarme de nuevo a el, me beso la frente tiernamente y coloco su brazo alrededor de mi cintura mientras me dirigía a su auto.
Mis dientes castañeaban violentamente y sentía mucho frio, pero solo el brazo que se encontraba tan protectoramente alrededor de mi cintura me hacia sentir tranquila y protegida, además de ayudarme a caminar ya que sentía mis piernas como lana lo cual me hacia dudar de poder caminar sin la ayuda de Alexander.
Llegamos al auto y el me ayudo a sentarme en el asiento del copiloto, acomodo su chaqueta en mis hombros cuando esta resbalo, y luego el dio la vuelta al auto para sentar en el asiento del piloto, en un acto reflejo acomode mis piernas junto a mi pecho para tratar de encontrar un poco de calor.
-Dios Meredith, estas toda mojada y muy helada… ¿Cuánto tiempo llevas ahí?- dijo atrayéndome a el.
-No lo se… lo siento por mojar tu auto- dije castañeando los dientes mientras sentía el calor de su piel junto a mi.
-No te preocupes por eso, no importa- beso mi cabeza y luego me soltó para encender el auto y poner la calefacción, acerque mis manos hacia aquel aire caliente que salía por los orificios para calentarlas. Pero para mi horror el auto comenzó a moverse y puse mi mano en el brazo de Alexander, aterrada de que este me llevara a esa casa.
-¿Para donde vamos?- le pregunte con solo un hilo de voz –Alexander por favor no me lleves a casa- el me acaricio la mejilla muy suave y despacio como si tuviera miedo de hacerme daño.
-No vamos a tu casa ángel, vamos a la mía, no te preocupes- me dijo mientras ponía en marcha el auto de nuevo.
Me sentí enormemente aliviada al oírlo decir esas palabras por lo que solo le pude sonreír como tonta, a cambio el me dio una perfecta y linda sonrisa que hizo que millones de mariposas revolotearan en mi estomago.
-y… ¿Qué hacías allí? ¿Qué paso?- me pregunto preocupado, yo mire fijamente la carretera recordando lo sucedido y se lo conté, así sin mas , y ni siquiera me puse a llorar, y eso es raro ya que soy muy llorona, bueno quizás es por el, el me hace sentir tranquila y me hace sentir mejor.
-Por ahora no te preocupes por nada, yo estoy contigo y no te voy a dejar sola- dijo con una sonrisa.
Luego de un rato note que entrabamos a un condominio y nos dirigimos a una casa muy bonita de dos pisos con un enorme jardín de entrada. El aparco el auto y me ayudo a salir, me tomo de la mano y me condujo hacia su casa que estaba totalmente oscura.
Cuando entramos la cas estaba calentita, el encendió las luces y quede deslumbrada con la belleza de esta, era una casa al mas puro estilo victoriano, era totalmente hermosa tanto que dudo que mis palabras puedan describirla tan bien, habían hermosos cuadros colgados en las paredes y los muebles eran antiquísimos pero tenían un brillo que podías decir que eran recién comprados.
-Tu casa esta hermosa- le dije sin mucho aliento.
-Te gusta?- me dijo con una sonrisita
-Me encanta
El me dirigió escaleras arriba a una gran habitación con una enorme cama con dosel y una gran ventana corrediza, el me ayudo a quitarme la chaqueta mojada y fue a sacar algo de su ropa para mi, la dejo en la cama y me dio un tierno beso.
-Cámbiate de ropa, la mía te va a quedar un poco grande pero es mejor que quedarte toda mojada- me dijo sonriendo
-Gracias- el se fue dejándome sola, me coloque sus ropas que aunque eran enormes, me encantaron por el solo hecho de tener su olor impreso en ellas. Cuando termine baje a buscarlo, el estaba en la cocina preparando algo de comer, me miro fijamente y sonrió.
-Te ves hermosa
Me puse roja cuando el no dejo de mirarme intensamente, en ese instante sentí como si estuviera desnuda bajo su atenta mirada, me sentí intimidada y tímida, cosa que casi nunca me pasaba, pronto el rio y se acerco a mi rodeándome con sus enormes y fuertes brazos, me beso en el cuello.
-Te pusiste roja- dijo contra mi cuello, yo solté una risita nerviosa y me apretó mas a el, luego se alejo un poco para mirarme a la cara, me perdí en la intensidad de sus ojos y el fuego que allí vi.
-Como quieres que no lo haga si me miras así- dije sin aliento.
-Así como- respondió con una de sus sonrisitas picaras que me mataban.
-no lo se…- dije nerviosa.
-Me encanta cuando te pones roja- me dijo tocando mi mejilla dulcemente. El sonrió y junto nuestros labios suave y despacio, luego el beso fue cobrando intensidad y no quise soltarlo nunca, sin darme cuenta mis manos tomaron su cabeza anclándolo a mi, mientras sus brazos me apretaban a el, por un momento sentí que se me iba la respiración por lo intenso que se había tornado el beso, pero en ese instante el se alejo.
Aturdida y con los labios hinchados, el tomo mi mano y me guio hacia el taburete donde me insto a sentarme y luego puso un plato de tallarines frente a mi.
-No soy un buen cocinero, pero hice lo que pude- en verdad no se veían muy apetecibles, pero estaba muerta de hambre y me lo comí todo, fue cuando me di cuenta que Alexander me miraba.
-¿Tu no vas a comer?
-No, no tengo hambre.
-Bueno yo um... gracias por la comida y m… voy arriba- le dije nerviosa –Buenas noches- me fui escaleras arriba sintiéndome como una estúpida y muy tonta.
Me encerré en la pieza recriminándome lo estúpida que fui, pero muriéndome por bajar y quedarme en sus brazos.
Me recosté, pero me revolví en la cama tratando de conciliar el sueño, pero sin conseguirlo, inquieta prendí el televisor y cambie los canales sin el mas mínimo interés en lo que hacia.
Tocaron levemente la puerta y mi corazón salto en anticipación, además de latir eufóricamente.
-Adelante- dije sentándome en la cama. La puerta comenzó a abrirse lentamente mostrando a Alexander que se encontraba cómodamente afirmado en el marco de la puerta.
-Yo creí que podríamos ver una película- me dijo sonriendo, mi corazón latió aun mas fuerte contra mi pecho, vi su linda sonrisa con su hermoso y esculpido rostro sereno, sentí que mi corazón se me salía del pecho –pero si estas muy cansada…
-No, estoy bien- respondí rápidamente.

-Voy a buscar unas películas y vuelvo-dijo dándose la vuelta, pero antes de irse, se volvió a mirarme -¿quieres ver alguna en particular?
-No, cualquiera- dije, el se fue y me levante rápidamente para ir al baño, me mire al espejo y me veía terrible, trate de arreglarme, pero fue prácticamente inútil y para cuando volví el ya estaba en la habitación ocupado con el equipo de video que estaba cerca de la televisión.
-¿y que película veremos?- le pregunte mientras me sentaba en la cama.
-Es una de acción nunca la he visto pero me han dicho que es bastante buena- me respondió terminando de colocarla y luego se sentó a mi lado en la cama.
Cuando la palicula comenzó me recosté para verla, pero no le puse ni la mas mínima atención ya que Alexander también se recostó en la cama, a mi lado, su brazo rodeo mis hombros de modo que apoye mi cabeza en su amplio y musculoso pecho, olía perfectamente su aroma desde allí, el olía a especias y a hombre, un aroma magníficamente exquisito.
Me encontraba tan cómoda en sus brazos que poco a poco fui tomada por la inconciencia quedándome dormida profundamente.
---FIN DEL CAPITULO---